Lenguas bífidas.

En 2003, entre los jóvenes belgas se puso de moda cortarse la lengua porque aseguraban que “así se besa mejor”. Algunos de ellos recurrían a profesionales del piercing, pero en la mayoría de las ocasiones eran los mismos jóvenes quienes se hacían el corte. Colocaban un hilo de seda en el hueco del piercing y estiraban de él después poco a poco, durante unos seis días, para no hacerse daño de golpe. El fenómeno se extendió también a otros países, y se calcula que por el mundo hay unos 2.000 jóvenes con lengua bífida, como la de las serpientes.

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